Jueves 16 Agosto 2018

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  • Opinion

La agresión a la mujer médico ¿violencia de género?

No sólo el agresor atenta contra la autoridad sanitaria que quiere ayudarlo y está para servirle, sino que además lo hace en mayor medida contra la médico mujer, en un ensañamiento cobarde

ANTONIO MARTÍN NOBLEJAS.

MÉDICO Y PRESIDENTE DEL SINDICATO MÉDICO MÁLAGA

El pasado mes de octubre revelábamos uno de los datos más vergonzosos y escalofriantes de 2017; no sólo subían las agresiones a médicos, sino que las mujeres sufrían el doble de estos episodios frente a los hombres. Ante esta desagradable noticia, el Sindicato Médico Málaga y el Colegio Oficial de Médicos desplegamos una de las campañas publicitarias que menos nos hubiera gustado liderar: 'Soy tu médico. No me agredas, no me insultes. Es delito'. Un golpe de efecto que al menos ha colocado el tema en el centro de muchos debates de la opinión pública y esperemos que de la agenda de nuestros responsables públicos.

Con ello queríamos no sólo hacernos eco de una realidad insufrible sino de que los responsables del SAS siguen sin situar en el centro de las prioridades el atajar esta lacra, que no hace nada más que crecer pese a la alarmante señal del deterioro social que supone. Tomando la iniciativa queríamos de alguna manera dar respaldo a nuestros compañeros y hacerles ver que nos tienen de su parte, que sobre todo desde nuestro sindicato les damos una cobertura legal inmediata, personalizada y precisa, en cuanto se nos requiere por estos temas. Además de ello le recordábamos la cobertura moral y emocional del colectivo y de toda la sociedad de bien junto con el Colegio Oficial de Médicos de Málaga.

Esto como decíamos venía derivado del conocimiento de unos datos muy lamentables. En apenas diez meses de 2017 se contabilizaban 39 agresiones a médicos: de las que 29 se produjeron en centros de atención primaria y los 10 restantes ocurrieron en hospitales. Las médicas, como decíamos, padecían y padecen casi el doble de agresiones que los médicos en el ejercicio de su profesión. La edad media de las facultativas que se veían involucradas en uno de estos desagradables incidentes mientras trabajaban es de 42 años frente a los 49 años de sus compañeros agredidos.

Por nuestra parte en julio del año pasado, en cuanto tuvimos conocimiento de la sentencia a nueve meses de cárcel y 250 euros de multa a un individuo que había rociado con un extintor de fuegos a una compañera del HAR de Benalmádena lo comunicamos. Somos conscientes de que también es necesario que la gravedad del asunto cale en la opinión pública y los que alguna vez se sientan tentados a hacer alguna de estas fechorías se lo piensen, ya que la ley es cada vez más dura en el castigo de estos hechos y esperamos que lo sea aún más.

Al margen de esto, volviendo al dato de agresiones a mujeres médico, éste pasó desapercibido para el análisis más profundo en algunos medios, si bien es uno de los peores indicadores que podíamos tener. No sólo el agresor atenta contra la autoridad sanitaria que quiere ayudarlo y está para servirle, para mejorar algo tan valioso como su salud, sino que además lo hace en mayor medida contra la médico mujer, en un ensañamiento cobarde. Esto evidencia una falta educacional, y por supuesto delictiva, doble y gravísima.

Desde el Sindicato Médico de Málaga hemos querido hacer ver en cada ocasión que han surgido casos de agresiones en centros de salud y hospitales que nos preocupa que el Servicio Andaluz de Salud, dependiente de la Junta de Andalucía, no haga nada para dotar a estos edificios de mayores medidas de vigilancia en cuanto a cámaras de vídeo y seguridad privada/pública se refiere. Somos trabajadores desamparados en este sentido por un Gobierno que se hace llamar socialista y supuestamente más sensible a los problemas del trabajador y en cambio vemos como sí protege con vigilantes de seguridad y arcos de detección de metales despachos gubernamentales o bibliotecas, pero se olvida de estos focos tan sensibles.

Sin dejar de ver los pequeños avances que la Policía ya parece haber tenido para con nosotros a la hora de crear intermediadores que agilicen las actuaciones en estos casos, seguimos sin sentirnos del todo protegidos.

Y no son sólo estas medidas las que creemos que deben incoarse, la de cámaras, botones antipánico o vigilantes, sino el endurecimiento del Código Penal en este tipo de agresiones ante lo cual nos llegamos a preguntar si no podría ampliarse la tipificación del delito de violencia de género a la que se ejerce sobre servidores públicos como estas médicas. Algo que no es nada descabellado viendo la deriva de los datos obtenidos.

Para nosotros que tan acostumbrados estamos a rellenar partes de lesiones de mujeres maltratadas existe un vínculo indisociable educacional en la manera en la que el hombre pega a su pareja o a cualquier mujer, como pega también a una médica ante la que se crece en muchas ocasiones por su debilidad física.

Es por todo ello que tenemos desde hace tiempo a nuestro gabinete jurídico estudiando si podríamos exigir a las autoridades legislativas competentes que sopesen esta propuesta y que nuestras médicas estén más seguras en sus puestos de trabajo, sabiendo que de ser agredidas el sistema de alguna forma va a ampararlas de una manera eficiente, rápida y acorde al golpe sufrido.

 

Fuente: Diariosur.es

 

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