Jueves 9 Diciembre 2021
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Novedades Importantes

Hay que ser desobediente con quien no te quiere bien

 

He de decir para quien no me sigue (o para quien me sigue pero no se ha percatado aún), que una década de mi vida (2000-2009) la invertí en una rama denostada de la medicina: la gestión sanitaria, esa oscura disciplina tan necesaria para que todo funcione medianamente bien en los Centros de Salud y en los Hospitales Públicos.

Yo creo, honestamente, que sumando aciertos y errores apenas rozo el aprobado en esa etapa laboral. Más bien me suspendería. El último año, sobre todo, fue nefasto: en 2008-2009 yo fui cómplice necesario de los políticos socialistas andaluces en los asquerosos recortes de plantilla y en los infames contratos realizados a los médicos de familia de la ciudad de Málaga. No me enorgullezco de ello. Muy al contrario. Sólo puedo decir a mi favor… que me marché de la Gerencia por decisión personal e irrevocable.

Y cuando se vuelve a la trinchera tras una década de gestión es imposible que, durante un tiempo, no arrastres hábitos. Buenos y malos hábitos. Y un mal hábito que yo traía de mi otra vida era la obediencia ciega. La obediencia al principio de autoridad. La obediencia a los protocolos. La obediencia a las circulares. La obediencia a los objetivos. La obediencia a los Contratos-Programa.

Tardé dos años en curar. Pero curé. Curé del todo. De hecho, hoy debo de ser el médico más “desobediente” del Servicio Andaluz de Salud. Y si me apuran, de España. Y desde luego, el más contestatario y respondón en Facebook. Cagoentó.

Aquel espíritu acrítico del abajo firmante, se fue perdiendo con el baño de realidad que supuso tratar de nuevo con los pacientes y con los compañeros. Y con la Literatura, por supuesto: también mis novelas hicieron mucho por mí, casi más que yo por ellas. Por no mentar a mi sargento.

Recuerdo que aquellos “tics de obediencia” sufrieron un antes y un después el día en que apareció una noticia de prensa: nuestro Delegado de Salud de entonces, en respuesta a un periodista que indagaba sobre el malestar de los pacientes por las recetas en forma de principio activo, decía así:


<<Es una mera orientación a los médicos. El médico tiene la potestad de recetar por marca>>


Aquel hijo de mala madre nos dejaba tirados a los pies de los caballos. Ni más ni menos. Nuestro Jefe Provincial. El mismo que me mandaba a mí a presionar a los médicos para que recetasen por principio activo, y no por marca. El muy cabrón.

En fin. No voy a contar más batallas personales. Pero sí voy a recordar lo que el Gobierno de España, el de hoy, ha escrito de su puño y letra cuando le han preguntado en el Congreso de los Diputados si es cierto que, en plena pandemia, emitió un Protocolo para realizar el triaje de pacientes afectados por coronavirus. Esto ha dicho el Ministerio de Sanidad cuando han comenzado las investigaciones judiciales sobre el triaje de pacientes:


<<El protocolo es una herramienta elaborada como ayuda a los profesionales para tomar decisiones en momentos delicados. Se trata de un documento operativo que tiene carácter ORIENTATIVO, no prescriptivo, y está dirigido al ejercicio profesional en situaciones concretas de excepcionalidad>>


Como se puede ver, hace igual el Gobierno que aquel otro listillo que propugnaba el uso de principio activo y luego decía que era cosa de los médicos.

Por eso, amigo lector sanitario, voy a dar nueve consejos fruto de la experiencia. Consejos para médicos jóvenes, para enfermeras jóvenes.

  • El primero: recuerda siempre que te acuestas con tu conciencia, no con tu gestor.
  • El segundo: recuerda que la firma la pones tú.
  • El tercero: recuerda que un político (de cualquier signo) vendería hasta a su madre por salir reelegido. A ti, ni te digo.
  • El cuarto: recuerda que un protocolo no es la Biblia, ni el Corán. Y menos si viene de una Gerencia.
  • El quinto: jamás trabajes buscando “la productividad”. Los pacientes no son tornillos, ni la consulta una cadena de montaje.
  • El sexto: aprende a decir que no a tus jefes. No pasa nada si lo dices con respeto, sin insultar a nadie. Y si pasa, que pase.
  • El séptimo: imagínate a tu gestor desnudo, o cagando, o tirándose muchos pedos. Es lo más eficaz para perderles el miedo.
  • El octavo: tus jefes están de paso. Tú estás para quedarte.
  • El noveno: hazte valer. Y haz valer a tus pacientes.

Estos nueve principios pueden resumirse en tres:

  1. Haz a tus pacientes lo que te gustaría que otros médicos te hicieran a ti.
  2. No hagas a tus pacientes lo que no te gustaría que otros médicos te hicieran a ti.
  3. Olvídate de tu gestor y del político que lo gobierna. Te lo agradecerán tus coronarias. Te lo agradecerán tus pacientes.

Cagoentó.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz

Médico y escritor malagueño