Miércoles 20 Noviembre 2019

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  • SMM

¡Voy a cogerme la BAJA!

Hace muchos, muchos años, cuando apenas comenzaba como médico, intenté dar el alta laboral a una señora que llevaba casi tres años de baja (entonces se podía llegar a un máximo de 5 años), y a la que yo, en mi primitiva candidez, no le notaba enfermedad alguna que le impidiera trabajar. La señora, tras esa sutil insinuación de que ya estaba apta para volver a desempeñar su trabajo, me respondió indignada:

–Pero bueno… ¿Usted qué se ha creído? ¿Es que va a heredar usted la Seguridad Social?

Y en efecto: la heredé. La heredé yo, y mis hijos, y tú que me estás leyendo, y tus hijos, y tus nietos. Hemos heredado todo aquel despilfarro de bajas que no debían serlo, de inservibles polivitamínicos costeados con los impuestos de todos, de botiquines caseros repletos de medicamentos inútiles, de antibióticos caducados que acababan arrojados a la basura. Hemos heredado la confusión entre valor y precio. Hemos heredado la falsa idea de la gratuidad. Hemos heredado kilómetros de derechos y centímetros de deberes. Eso hemos heredado. Nuestros propios pecados como pacientes, nuestros propios pecados como médicos, nuestros propios pecados como sociedad, nuestro interminable laberinto burocrático, nuestras larguísimas listas de espera y la mala gestión de los Gobiernos.

En lo que se refiere a las bajas laborales, asunto que nos ocupa hoy, he de explicar al profano que una baja laboral es exactamente igual que un antibiótico: forma parte del proceso curativo, y sólo se puede prescribir por un médico. En otras palabras: una baja laboral es el reposo necesario para que un paciente se cure, y, por lo tanto, las bajas no se “cogen”, ni se “toman”, ni se planifican con antelación, ni se anuncian a las amistades. Las bajas se piden al médico; y el médico, según su saber y entender, decide si procede o no procede administrarla. Igual que la penicilina. Igual que los antiinflamatorios.

Los autónomos piden la baja tan sólo cuando se están muriendo, eso es cosa sabida entre los médicos. Y ocurre así porque nada duele más que los negocios propios, que tu dinero en juego. Por eso, a partir de lo que sigue, no se den por aludidos los autónomos. Pero el resto de los mortales, entre los cuales me encuentro (régimen agrario, régimen general, funcionarios, asalariados, empleadas del hogar, etc…), tenemos mucho que reflexionar sobre el uso indebido de las bajas.

Repasemos un poquito, amigo y amiga que me lees:

1-Si entras cojeando a mi consulta, pero a la salida se te olvida cojear… ¿No comprendes que sólo Jesucristo hace milagros de esa índole?

2-Si no parabas de pedir antiinflamatorios para un dolor que no cedía, pero cuando la Inspección te da la Invalidez Total ya no te vuelvo a ver por mi consulta… ¿No comprendes que te has delatado? Anda, hombre. Sigue al menos viniendo a mi consulta un año más, aunque solo sea para disimular.

3-Si me refieres de palabra síntomas de depresión muy grave, pero tu expresión corporal dice otra cosa, y se te escapan las sonrisas mientras me hablas… tú no estás depre; tú eres un jeta.

4-Si tú, funcionario público, tienes cada lunes una gastroenteritis… tú no está malo, amigo mío. Tú te has tragado un cronómetro.

5-Si sólo te da la lumbalgia cuando te llaman al PER… Vamos, hombre. Tú no estás malo. Tú tienes fobia al pico y a la pala.

En fin, lector y lectora de mi muro. No pretendo cambiar este país de pícaros, un país donde el Lazarillo de Tormes se comía las uvas de tres en tres para engañar a un ciego. Y en todo caso, como antes dije, ya me respondieron una vez: “¿acaso va a heredar usted la Seguridad Social?” Y ahora, en los recios tiempos que corren, con la Seguridad Social ya heredada, las respuestas de los pacientes son todavía más duras, más exigentes, más violentas.

Ya no pretendo cambiar nada. No. Se me acabaron las fuerzas. Lo único que digo es que no somos tontos los médicos: que calamos a un rentista desde que entra por la puerta, y que le damos la baja para que no nos discuta, para que no nos insulte, para que no nos escupa. En resumidas cuentas: para llegar vivos a casa. Eso sí: siempre con heridas en el alma; pero vivos.

Fdo: Juan Manuel Jiménez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.